Natalia Pelayo: el detrás de ser Primera Bailarina en el Teatro Colón
- Amanda Larrea

- 6 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 26 nov 2025
Natalia Pelayo describe su primer acercamiento a la danza como un juego: sus primeros pasos dentro de la disciplina fueron a los diez años, gracias a las clases que daba una bailarina retirada, Lilian, en un estudio de danza que quedaba a dos cuadras de su casa en Gonnet, La Plata. La carrera de Pelayo como bailarina es amplia, destacada por su trayectoria tanto como Primera Bailarina del Teatro Colón desde 2005 hasta al ser integrante del Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga y en su participación en la película de Leonardo Favio, Aniceto (2008).
"Hay una romanización, una pasión que nace de forma muy irracional cuando quizás tenés 5, 6 años. En mi caso, se mantuvo hasta los trece años de una manera fuerte, que era clave porque era la edad de poner primera para ser profesional, ingresar en las compañías", señala Natalia. Ya pasaron muchos años desde ese primer acercamiento pero Pelayo tiene fresco el deseo, sus saltos y combinaciones iniciales en las calles de tierra de Gonnet, en el living de su casa.

Después de una lesión de rodilla a sus trece años, la bailarina decidió enfocar todo su esfuerzo en lograr que el baile se convirtiera en una forma de vida. "Eso lo recuerdo hasta el día de hoy como una llama potente, poderosa, que me permitió trascender obstáculos de toda índole para decir "es lo que quiero y lo que siento en este escenario no lo siento con otra cosa", cuenta la Primera Bailarina del Teatro Colón. Con ese faro, Natalia empezó sus estudios en la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata para después iniciar en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), un centro de formación gratuita que se destaca por su exigencia en la disciplina.
¿Cómo es la relación entre el esfuerzo que requiere la danza clásica y la gratificación de estar en el escenario?
Buena pregunta. Creo que va de una relección constante a lo largo de la carrera, sobre todo cuando ya es la etapa profesional. Es ir reeligiendo, re enamorarse, porque hay momentos de crisis, momentos de altibajos, de mucho cansancio, de lesiones, entonces hay una parte cruda que hay que ver cómo gestionar desde lo personal. Cada uno lo lleva como puede, hay gente que también deja la profesión por esos motivos pero me parece que es un lugar de búsqueda de ir logrando un umbral de resistencia mental, físico y emocional alto para poder sostener un estilo de vida y de exigencia también altos. Ahí entran las variables: lo que es la familia, los vínculos, la terapia. Hay que ocuparse, no es por arte de magia. Encontrar esa resistencia y después, el equilibrio.
¿Cualquier persona con el físico adecuado para la disciplina puede llegar a los niveles a los cuales vos llegaste?
Creo que es una cantidad de factores que deben darse a la vez. Estoy convencida de que sin la familia que tuve atrás no hubiera podido, sobre todo desde el lado económico porque es una carrera costosa. Las zapatillas son costosas, la preparación es costosa. Tuve la suerte de ingresar a la escuela del Colón, que es gratuita, entonces eso ayudó, pero digamos que hay un esfuerzo de acompañamiento porque sos chico y no te podes manejar completamente solo. Es importante la base familiar, la contención.
Natalia Pelayo interpretando a Julieta en "Romeo y Julieta", noviembre de 2022 para el Teatro Colón. Fotografía por Máximo Parpagnoli.
Además de la presencia de la familia, Natalia destaca el financiamiento económico por parte del estado en sus inicios como bailarina. "En su momento tuve la suerte de tener dos becas del Fondo Nacional de las Artes, eso ayudó económicamente a mi situación al hacer la carrera. Es muy importante una conjugación de factores que te acompañan", entre estos factores mencionados por Pelayo están "las condiciones físicas, la disciplina y que se vaya forjando de una forma natural". La bailarina sabe que no puede ser impuesta, que es una progresión que los bailarines jóvenes adquieren a lo largo de sus carreras para llegar a la adolescencia ya acostumbrados al ritmo exigido de la danza clásica y sus escenarios.
Dentro del Teatro Colón se realizó en 2020 la obra Itinerario Piazzola, la cual fue protagonizada por Natalia Pelayo.
En el Teatro Colón hemos visto manifestaciones del folclore y tango. El teatro estaba visto como un espacio no popular sino, más bien, de un grupo con estatus social y económico ¿Llegaremos a ver twerking algún día? ¿Qué opinas?
Creo que hay una apertura por lo que necesitan el público y los mismos interpretes: empezar a abrir caminos, campo de exploración de la danza y que dialogue con otras miradas. Lo que realmente lo va a hacer popular en algún momento, lo que va a ser un cambio de paradigma para nuestra cultura y el Teatro Colón es cuando haya un plan más firme, contundente. Una planificación cultural donde haya un acceso más real al teatro, que sea nuestro. Que sea nuestro de verdad porque no siempre traer un artista popular significa que sea accesible, porque si después las entradas son muy caras claramente solo accede un sector.
Algo hay pero tiene que ser un cambio mucho más profundo y no solo de ahora, sino pensado de acá a un par de años. Hay varias cuestiones ahí con el teatro, sabemos que ha sido elitista pero esto es una cuestión de gestión humana. Creo profundamente en que el teatro pueda ser más abierto en sus propuestas, menos conservador pero para bien. Por una cuestión evolutiva no quedarnos en el tiempo: siglo XXI, nuevas cabezas, nuevas miradas. Me gustaría que en todo el teatro haya gente de distintas generaciones, como un templo que vino y que está para brindar cultura y educación, para despertar sensibilidad real.
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